¿Y ahora qué?

(EFE)

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NUEVA YORK, Estados Unidos.- Hay un suspenso en Cuba, colgado en el aire. Hoy, todos los habitantes en la Isla lo están sintiendo, aunque sigan en sus quehaceres acostumbrados, mayormente de resolver lo que puedan comprar para alimentar a la familia. .

Las comunicaciones con el exterior revelan que el “cubano de a pie” está admirado de que el dictador, que rigió sus destinos por varias generaciones, sea actualmente nada más que un puñado de cenizas. Vestigios que bien se los podría llevar el viento, si no estuvieran colocados en un ataúd que ha estado recorriendo la Isla hasta su lugar final en el mausoleo del cementerio de Santa Ifigenia.

La fragilidad del ser humano, que se marca con la muerte, está hoy sobriamente presente con la desaparición física del Hombre Fuerte de Cuba: El Comandante.

Comentan que la noticia del fallecimiento era esperada desde hace años, aunque al ocurrir los tomó de sorpresa a todos.

“El Comandante ya no era mismo, desde su caída en Santa Clara”, señala Jorge Luis García Pérez, “Antúnez”, opositor quien vive en Placetas, Villa Clara.

La aparatosa caída ocurrió el 20 de octubre de 2004 y le provocó, al llamado Máximo Líder, la fractura de una rodilla y un brazo. El accidente ocurrió al término de un homenaje a Ernesto “Che” Guevara, frente al mausoleo que guarda sus restos.

Fidel Castro descendió por la escalera de madera que daba paso a la tribuna, después de pronunciar su discurso. Apenas unos metros después resbaló, cayendo al suelo, donde inmediatamente fue socorrido por sus guardaespaldas y miembros del Partido Comunista que asistían al evento.

La caída, fue el comienzo de una serie de problemas de salud, que desembocaron en la renuncia del dictador al poder, en la forma de un comunicado al pueblo el 20 de febrero de 2008.

La presidencia, como en la mejor de las monarquías, pasó a manos de su hermano Raúl Castro.

La “caída de Santa Clara” mostró, por primera vez a los cubanos, la vulnerabilidad del Caudillo, quien tuvo siempre en mente adueñarse del país, desde que bajó de la Sierra Maestra.

También hoy se comenta a viva voz en la Isla el papel que pueda tener en los destinos del país el nuevo presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump, quien tildó —en un comunicado— al fallecido Fidel Castro de “brutal dictador” y señaló que “el pueblo cubano merece finalmente vivir en la liberad que tanto merece”. Esas palabras repercuten hoy en la Isla, reemplazando las anteriores de Barack Obama.

El sentimiento generalizado, dentro y fuera de la Isla, es que la nación está en los umbrales de una nueva era.

Raúl Castro nunca ha tenido el carisma y el poder de la palabra que tuvo su hermano, y además no cuenta con las simpatías del pueblo, que por el contrario, lo mira con desconfianza.

En realidad, el mandatario cubano solo cuenta hoy con el apoyo de las fuerzas armadas. Y lo quiso demostrar con los recientes ejercicios militares.

Habría que ver hasta qué punto es fuerte ese soporte en el futuro.

Fuente:cubanet