Mailén comenzará una nueva fase de estabilización y rehabilitación en el Hermanos Ameijeiras.

La joven de 19 años deja tras su partida una gran nostalgia y ojos llenos de lágrimas de los médicos, enfermeras, sicólogos y demás trabajadores del Calixto, contagiados para siempre del síndrome afectivo que les ha legado Mailén.

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Para todos ellos la joven lanza besos al aire mientras la trasladan en camilla hacia la ambulancia. Aquella tarde del 18 de mayo pasado en La Habana, el Hospital Calixto García recibió a Mailén, a Gretell Landrove Font y a Emiley Sánchez De la O. Hoy dice adiós a la única superviviente de la tragedia.

No es un caso fácil. Mailén sufrió lesiones a nivel de columna, cervical, torácica, dorsal, en extremidades, tibia, peroné, pelvis, quemaduras, lesiones a nivel de glúteo, que requirieron de curas y drenajes frecuentemente. Por la afectación medular, quedó parapléjica, y su organismo drenó por diversos sitios, lo que trajo complicaciones.

Hubo intervenciones quirúrgicas, estabilizaciones y desestabilizaciones, avances y retrocesos en su sistema hemodinámico. La evolución no fue nada lineal en una paciente en estado tan crítico, con constantes peligros para su vida y las enfermedades oportunistas que comprometen.

A pesar de todo Mailén nunca se dio por vencida, y no dejó de luchar en ningún momento. Contaba además con el gran apoyo de su familia, especialmente la abuela fue el pilar. Una señora de gran sensibilidad, fortaleza y confianza en que su nieta se salvaría. Con el ánimo siempre arriba. En los momentos más difíciles era quien levantaba al resto, y decía: «Vamos, hay que seguir luchando».

No era una paciente común. Sí escuchaba, y mantenía comunicación. Aún con una traqueotomía, y sin poder hablar, hablaba, asentía o negaba con sus ojos. Reflejaba pena o alegría. Tiraba besos a médicos y enfermeras, y les manifestaba que los quería, con sus códigos emergentes.

Los especialistas fueron percatándose de que la joven estaba desorientada desde el punto de vista temporal y espacial, y había desarrollado una reacción al trauma asumiendo la problemática de lo que se denomina «memoria fragmentada» Un ejemplo de esto es que Mailén insistía en que había tenido un accidente de carretera. Y cuando se le explicó que era de aviación, abría los ojos desmesuradamente, movía la cabeza en signo de negación.

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Tras la operación la muchacha indagaba por su pierna, como que intuía algo. Y para asearla le ponían un paraban en la mitad del cuerpo. Le enrollaban una colcha en el sitio. Pero ella sospechaba… en el momento indicado fue que se le comunicó.

Según narró el doctor Ifrán Martínez Gálvez, especialista en Angiología, pensó que ella se iba a desplomar, pues es una muchacha de apenas 19 años. La mayoría de las personas se deprimen en esas circunstancias; sin embargo, ella no se derrumbó.

Esta paciente trajo discusiones fuertes, y al mismo tiempo hermosas, en el equipo multidisciplinario, así como debates entre las distintas especialidades. Teníamos un afán feroz por salvarla y nadie quería fallar en su especialidad. Aprendimos más medicina en estas discusiones, porque tuvimos que recordar y desempolvar conocimientos.

El día que trasladaron a Mailén fue muy triste. Es que ya no éramos paciente y profesionales de la salud. Éramos más que familia.

Hubiésemos querido que la recuperación hubiera concluido en el Calixto, pero también entendimos que ya el hospital había cumplido su misión, que era preservarle la vida.

“Lo más importante es la satisfacción de haber aportado lo nuestro en su evolución”, concluyó.

El hospital Calixto García es la institución médico-docente más antigua y de mayor tradición de nuestro país, en la que se han formado, en sus ya más de 120 años, miles de profesionales y técnicos de la salud de reconocido prestigio.

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Con informacion de: cubanew

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