El Custodio, uno de los empleos más codiciados en Cuba

Lo más importante en el momento de elegir en Cuba un puesto de trabajo es precisamente conocer cuán conectados a la cadena de corrupción estaremos y cuán sólida es esta, dudas que incluso pudieran ser solventadas en la misma oficina de recursos humanos o en plena calle donde para nadie es un secreto cuáles son aquellos organismos, instituciones y hasta ministerios, ocupaciones y cargos donde se obtienen mayores beneficios.

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A diferencia de otras realidades sociales, en Cuba a pocos sorprende que el señor que maneja el carro recolector de basura o el albañil y el electricista de una brigada de mantenimiento tengan mayor poder adquisitivo que un profesor universitario o un ingeniero civil, incluso renombrados. Tampoco asombrará que algunos de estos, a pesar de sus altas calificaciones como profesionales, opten por subutilizar su ingenio y prefieran manejar el auto del director de una empresa o pasar la madrugada como vigilante en una garita de un apartado almacén del Puerto de La Habana.

Se trata de sobrevivir siguiendo las reglas de un juego que cada día se torna más complicado, en tanto los salarios “legales” se han mantenido atados a formas de pago con más de veinte años de antigüedad y que las soluciones “de arriba” han caído en un círculo vicioso donde, lejos de producirse el dinero necesario se reproducen, se amplían y se complejizan los esquemas de corrupción, de modo que no se vislumbra un cierre de la brecha entre el progresivo aumento de los precios de los productos, básicos y no básicos, y el escaso poder adquisitivo del peso cubano, una moneda en la que cobran los trabajadores estatales y que se ha ido devaluando aún más de lo que muestran las tasas de cambio oficiales, que serían más bien “artificiales”.

“El salario ha dejado de ser el incentivo. Hoy nadie trabaja en Cuba solo por un salario que no representa nada, siempre se espera que haya algo más aunque sea ilegal (…), incluso la posibilidad de un viaje”, dice Yaikel, un joven graduado de ingeniería mecánica que incluso dice haber sobornado para no pasar el llamado “servicio social”, que lo obligaba no solo a devengar por dos años un salario inferior a los 15 dólares mensuales sino a permanecer a merced de una institución estatal donde ni siquiera ejercía su profesión.

“Hablé con el jefe de personal y a los tres meses ya estaba como que había cumplido el servicio social (…). Es verdad que lo que pagué (300 dólares) jamás lo iba a reunir ni en dos años de trabajo pero ya salí de eso y ahora puedo hacer lo que yo quiera”, señala Yaikel, cuya aspiración inmediata, algo así como su mayor sueño, es una contrata temporal como guardia de seguridad (custodio le llaman en Cuba) en el almacén central de la misma empresa a donde había llegado como ingeniero.

“No me importa si soy universitario, lo mío es ganar dinero, lo necesito ahora y no dentro de diez o quince años (…), con el título no voy a hacer nada, van a pasar los años, me voy a jubilar y jamás voy a ver ni un peso (…), en cuanto llegué me di cuenta que la cosa estaba en el almacén y que mejor aún era estar afuera y no adentro (…), el almacenero tiene que llevar inventarios y siempre está enredado (…), el custodio no tiene dolores de cabeza y con él todo el mundo tiene que contar para sacar algo (…) y allí está la mata, que yo lo veo, y todo el mundo tiene cadenas de oro, celulares buenos, tremendos gaos (casas) y yo pasmao”, concluye este joven de 24 años que dice no confiar en que la realidad económica de Cuba mejorará alguna vez.

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Un sentimiento parecido es el de otro joven ingeniero, graduado hace menos de cinco años. Movido por la necesidad económica ejerció como profesor en un preuniversitario hasta que, convencido por los comentarios sobre los grandes beneficios laborales, decidió solicitar trabajo en la Zona de Desarrollo de Mariel donde fue aceptado de inmediato gracias a su excelente calificación.

“Estuve allá solo un par de meses (…). Sí, trabajaba en lo mío y ganaba mejor pero no te imagines que era mucho para todo lo que tenía que hacer (…). El primer mes cobré 130 (dólares) y el segundo más o menos lo mismo (…), pero cada vez era más trabajo (…). No era lo que me habían dicho y pedí la baja para irme de custodio para los almacenes de … donde trabajo 24 (horas) por 48 pero al mes me voy con mil, mil quinientos (dólares) solo por hacerme el de la vista gorda”, afirma este joven cuya historia pudiera ser la de muchos otros muchachos de su edad, incluso de su promoción.

“Me he encontrado a otros que se graduaron conmigo y también trabajan como custodios, así que no siento vergüenza, para nada”, afirma este mismo joven que además describe cuánta “honestidad” demanda su nuevo empleo.

“El custodio es fundamental porque la factura de los camiones debe coincidir con lo que cargan y nadie sale si no recibo mi parte, sea lo que sea (…), tampoco entra nadie si yo no quiero, incluso hasta el director tiene que venir a donde estoy yo porque entonces todo el mundo se muere de hambre (…), hasta los que van a hacer auditorías salen cargados de allí, así que no hay problema, además, yo no voy a arreglar esto”, comenta el joven.

Custodio, el empleo más codiciado (foto del autor)

El salario promedio mensual de un custodio, como se le llama en Cuba al guardia de seguridad, ronda el equivalente a unos veinte dólares, una cantidad insuficiente para cubrir los gastos básicos de una persona, mucho menos de una familia. No obstante, el empleo de custodio es uno de los más demandados en el sector estatal, al punto que se ha vuelto usual que el interesado en ejercer el oficio deba pagar un soborno, ya sea a funcionarios o a intermediarios de estos, para asegurarse una plaza.

Hablamos incluso de pagos que suelen alcanzar entre los cien y hasta los mil dólares, o superarlos, cuando se aspira, por ejemplo, a posiciones estratégicas en determinado almacén de alimentos o combustibles, también en frigoríficos, puertos y aeropuertos. Todo depende de a cuánto ascienda ese otro “salario subterráneo” que la gente en la calle suele llamar “la búsqueda” o “lo que se puede arañar”, es decir, el robo, y que convierte el salario verdadero en mera formalidad, un problema que cada día se torna más complicado mientras aumenta la incapacidad del Estado para resolverlo.

Con información de : cubanet

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Con informacion de: cubanew

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