Su familia la desconecta para que se muera. Pero entonces abre la boca para decirle algo a su marido

Si bien es verdad que la ciencia está avanzando a pasos agigantados en las últimas décadas, ante historias como esta nadie puede negar que hay situaciones que parecen escaparse a nuestro control o hasta a la lógica. Porque a veces una corazonada es más fiable que un diagnóstico, y si no que se lo digan a los protagonistas de esta historia.

Lyndee Brown Pellettiere-Swapp, una madre de 45 años natural de Phoenix, EE.UU., perdió la conciencia por motivos desconocidos mientras estaba en casa. Cuando su hijo Steven la encontró en ese estado, llamó al número de emergencias, y fue trasladada rápidamente al hospital. Se encontraba en un coma profundo.

Lyndee estaba en estado comatoso y no respondía a ningún estímulo. Durante 12 largos días, los médicos esperaban ver algún tipo de reacción por su parte. Le hacían pruebas, pero su cerebro no parecía funcionar. Se equivocaban. “Recuerdo a un médico abriendo mis ojos, haciéndome pruebas y diciéndole a mi familia que no estaba reaccionando”, cuenta.

flickr/Eric Lewis

Siguiendo el consejo de los médicos, su familia decidió desconectarla de la máquina de apoyo vital que la mantenía con vida. Lo hicieron y, uno por uno, sus familiares se fueron despidiendo de ella. El último en hacerlo fue su marido, que hasta el último segundo tenía fe en su esposa. “Necesito que luches, necesito que luches”, le repetía. Lyndee confiesa que entonces trató desesperadamente de hablar.

“En mi cabeza, yo misma me oía claramente. Pero ellos no”, dice. Hasta que finalmente la oyeron: Lyndee pudo gritar “¡soy una luchadora!”, lo que dejó a todos boquiabiertos. “Yo no lo llamaría un milagro, pero mucha gente lo ha llamado así”, cuenta su hijo Steven sobre el momento mágico en que su madre despertó del coma.

Contra todo pronóstico, se pudo recuperar tras una larga lucha en el hospital. Ahora comparte su experiencia con todos, especialmente los que tienen o tendrán a seres queridos en el hospital: “Solo porque no estén conscientes no significa que no te puedan oír. Todos deberíamos hablar a nuestros seres queridos si están en esa situación. Pueden oírnos”.

La moraleja de esta historia es que nunca debemos rendirnos aunque todo parezca apuntar a que sea lo más lógico. Porque a veces la determinación de una persona de plantarle cara al destino puede vencer a la lógica.

Créditos:

littlethingscbs5az

Fuente:miamiactualidad