16 Historias que te llegarán al alma

Cosas extrañas y hermosas suceden con cada uno de nosotros a diario, y a veces es imposible no compartirlas.

Acerca de la bondad

  • Los 90. No escribiré acerca de lo pobres que vivíamos (aunque es verdad). Yo era una niña adolescente. Una de nuestras vecinas, una señora de la tercera edad, empezó a regalarme la ropa y los accesorios de su juventud cuando ella vestía la misma talla que yo. Asombrosamente, estaban en un estado perfecto y no lucían viejos. Al cabo de un tiempo empecé a notar que otras chicas se vestían parecido. Solo ahora entendí que la vecina compraba ropa nueva y, diciéndome que eran cosas viejas que no necesitaba, me la regalaba porque sabía lo importante que era lucir bonita a esa edad.
  • En mi casa vive un hombre que siempre alimenta gatitos, perritos y palomas… Un día, cuando regresaba con mi hijo (5 años) de paseo, el niño exclamó: “Mamá, ¡mira! ¡Blancanieves!”. Levanté la mirada y, efectivamente, salió el vecino de la casa y de todos lados se le empezaron a acercar animalitos, tal cual Blancanieves
  • Después de un accidente automovilístico, no puedo hablar, literalmente. Por eso siempre traigo un bloc de notas y una pluma para poder comunicarme con las personas de alguna manera. Cuando estaba en el hospital, un amigo de infancia cada día venía a visitarme y discutía conmigo sobre distintos temas. Empezaba él y esperaba pacientemente a que escribiera mi respuesta sobre una hoja de papel, y luego empezaba a desafiarla o apoyarla. Lo valoro mucho a él y todo lo que hizo por mí.

Acerca del amor

  • Mi hija y yo estábamos haciendo fila en una tienda. Tenía 3 años. Vestía un abrigo blanco de piel, un gorro esponjoso y unas botas con perlitas. Sus ojos se veían enormes y parecía una muñequita. De pronto escuché a un niño de 5 años llorando atrás: “Mamá, ¡quiero a esa niña! ¡Necesito una niña como ella! ¡No puedo vivir sin ella!”. Su mamá y yo casi nos morimos de risa, los niños se conocieron, crecieron y este año se van a casar.

Acerca de los fracasos

  • Durante un festival infantil en la escuela de mi hijo, fui a recoger a mi pequeño entre la multitud de niños. Pero soy de estatura tan bajita, que un señor me confundió con su hija…
  • No soy muy alta (solo 156 cm), y mi novio mide 193 cm. Ayer íbamos caminando por la universidad. Cuando pasábamos por donde estaban nuestros compañeros, me tropecé y me caí. Durante la caída, se cayeron todas las monedas que tenía en mis bolsillos (y eran muchísimas). Al final, mi novio, en vez de ayudarme o simplemente reírse como lo hicieron los demás, agravó la situación exclamando fuertemente: “¡Siempre supe que eras una duende!“
  • Iba en un autobús. Me aburrí y recordé una vieja broma. Empecé a mirar fijamente a una chica, luego tomé mi móvil y dije: ”Jefe, la encontré“. Pero la chica, en vez de asustarse, agarró su móvil y dijo: “Me descubrieron, solicito una evacuación urgente”. Todos en el autobús se murieron de risa.
  • Voy rumbo al hospital con un foco en la boca. Durante toda mi vida he pensado que solo las personas muy tontas se meterían un foco en la boca, y aquí estoy yo: una mujer de 33 años, con dos hijos, un título universitario, una abogada exitosa con una excelente reputación -tengo un maldito foco en la boca-. Me duele la mandíbula, tengo lágrimas de dolor y risa a la vez. A mi marido le dio hippo de tanta risa. Y todo empezó cuando me quejé de que en toda mi vida no había hecho ni un acto estúpido y mi marido me sugirió meterme un foco en la boca creyendo que no lo haría. Lo más extraño es que estoy contenta conmigo misma 🙂
  • Un día iba caminando a casa, enojada y cansada, cuando empezó a llover y me mojé por completo a tal grado que mi vestido blanco se volvió semi-transparente y mi maquillaje se despintó. Los transeuntes me miraban y yo me enojaba peor. ¿Acaso nunca les había sucedido nada similar? Claro que sí, pero aquí están, todos lanzándome sus miradas de crítica. En fin, cuando me acerqué a mi casa, me di cuenta de que durante todo el trayecto iba sujetando firmente mi bolsa y… un paraguas.

Acerca de la familia

  • Nuestros vecinos preocupados se quejaron con el Servicio de Protección Infaltil porque cada noche desde nuestro hogar se oían gritos infantiles y ruidos de muebles caídos. Tocaron la puerta, abro, sin encender la luz de la entrada, y de inmediato escucho una voz severa: “¿Hay adultos en casa?“. Mido 152 cm y mi peso es 48 kg. Detrás de mí aparece una ”montaña“ de 175 cm y 80 kg, y luego otra igual. Encendimos la luz y el Servicio de Protección Infantil descubrió que soy la mamá de dos voleibolistas de 13 años que adoran practicar su deporte por las noches.
  • Los administradores del gimnasio al cual asisto se sorprenden porque voy seis veces por semana. Los instructores del mismo club me preguntan por qué cada día hago entrenamientos totalmente distintos. Yo solo me río silenciosamente porque mi hermano gemelo y yo pagamos una mensualidad para los dos…
  • Inventé en mi familia “Cinco Minutos de Cariño”. Apenas digo ”¡Y ahora tengamos nuestros Cinco Minutos de Cariño!”, mi marido y mi hijo dejan lo que están haciendo, agarran al gato (también participa) y se apresuran a abrazarme.
  • Adoro cantar en el baño pero solo cuando mis padres no están en casa, ya que mi canto parece más el lloriqueo de un perro enfermo. Una vez me estaba bañando y empecé a cantar, olvidando por completo que toda mi familia estaba en casa. Cuando salí del baño, descubrí enfrente de la puerta a mis padres y a mi hermana sentados en unas sillas aplaudiéndome. Papá incluso encontró en algún lado una flor artificial.
  • Mi hija tiene una pierna amputada hasta la rodilla. Mi marido y yo lo tomamos con humor para que la pequeña no crezca acomplejada por eso. Una vez fuimos a la playa, y mi marido, sacando a la nena en sus brazos del mar gritaba que un tiburón le mordió la pierna. Luego los tres nos moríamos de risa. Y cuando sus compañeros le preguntan qué pasó con su pierna, mi hija contesta que pisó una mina cuando servía en el ejército. ¡La niña definitivamente está creciendo con un buen sentido del humor! 🙂

Acerca de la infancia

  • Cuando era pequeña, éramos muy humildes, por eso mis padres no tenían dinero para llevarme con un peluquero para cortarme las puntas del cabello. Esa función la cumplía mi papá. Me daba vergüenza aceptarlo en la escuela, y ahora entiendo que no todas las niñas podían presumir que su papá sabía coser ropa, reparar zapatos, cortar el cabello, pintar paredes, construir, cambiar lavamanos, cocinar… Estoy orgullosa de él.
  • En los 90, cuando tenía cinco años y mi hermano ocho, nuestros padres nos dejaban solos en casa y se iban a trabajar. No nos dejaban dinero, tampoco teníamos chocolates u otras golosinas. Pero, siendo niños, no podíamos vivir sin eso. Entonces mi hermano sacaba el libro de recetas de mamá, elegíamos la receta más sencilla y les pedíamos a los vecinos los ingredientes que necesitábamos. Luego horneábamos postres y los compartíamos con todos aquellos que habían colaborado. ¡Era fabuloso!

Fuente Overhear

Fuente: wikipu